(venues): Para disminuir o solucionar el problema de la contaminación por ruido en la Zona Metropolitana de Guadalajara se requiere de una estrategia integral que vaya más allá de las multas o el monitoreo acústico, afirmó la investigadora universitaria, Georgina Orozco Medina.

 

En un comunicado, la investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG) lamentó que el dictamen de Ley para el Control de Ruido —presentado en días pasados en el Congreso del Estado— se centre en aspectos relacionados con la multa y la sanción.

 

Consideró que con esta Ley podría aumentar la corrupción en virtud de su elevado monto, y no disminuiría el problema, por lo que más que una sanción, lo urgente es que se diseñe un proyecto de auto-vigilancia.

 

“Para esto se debe capacitar y sensibilizar al empresario, al administrativo, a los empleados y a los consumidores, a fin de promover la salud acústica”, apuntó Orozco Medina.

 

Para quien no cumpla con el reglamento, deberá cubrir horas de servicio comunitario o financiar un proyecto que atienda un problema en una zona marginada. “Los establecimientos que no quieran adherirse al proyecto, deberán cubrir las multas”, dijo.

 

De acuerdo con estudios de la UdeG, hay bares, antros y otros sitios que de manera frecuente exceden los niveles máximos permisibles. Al interior de éstos se ha encontrado niveles máximos que superan los 90 decibeles (dB), cuando 70 ya representan niveles críticos.

 

El reglamento para el funcionamiento de los giros comerciales, industriales y de prestación de servicios para el municipio de Guadalajara (Artículo 15, fracción III) establece en 68 dB el límite para la emisión de ruido de las 6:00 a las 22:00 horas y 65 dB entre las 22:00 a las 6:00 horas.

 

Además, en avenidas donde transitan más autobuses o calles estrechas, con muchos topes, sin espacios verdes y mala semaforización, las investigaciones de la UdeG, han detectado que los niveles máximos permisibles superan los 90 decibeles, cuando la Organización Mundial de la Salud señala que es alto y riesgoso rebasar los 70 decibeles, Orozco Medina planteó la necesidad de certificar los sistemas acústicos de los establecimientos en aspectos de diseño, acondicionamiento, volumen, dirección de bocinas, ecualización, entre otros elementos.

 

En tanto que la estrategia integral debe de ser gubernamental y con visión metropolitana, a fin de generar medidas de atención, dijo la académica adscrita al Instituto de Medio Ambiente y Comunidades Humanas (IMACH), del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA).

 

También lamentó que a pesar de los avances en la materia aún no existe un monitoreo continuo y una estrategia para valorar la molestia por exposición.

 

“Con toda certeza, el ruido es uno los contaminantes más molestos, difíciles de caracterizar, monitorear y atender. Sus efectos se hacen evidentes principalmente en relación con su intensidad o volumen; la molestia es una de las consecuencias que padece la población a causa de la exposición al ruido y su valoración es difícil de atender”.

 

Por ende, no se trata únicamente de avanzar en regulaciones y normatividad: se requiere un cambio cultural de fondo, transversal, que cree conciencia en los tomadores de decisiones, empresarios, industriales, constructores y sociedad, añadió.

 

La UdeG ha estudiado el fenómeno desde 1995, por lo que puede hacer estimaciones respecto a cómo se comporta con el crecimiento de la ciudad y de las adecuaciones viales, aunque se requieren más estudios de caracterización del problema y los efectos en la salud de la población.

 

Orozco Medina aseveró que dada la magnitud e importancia económica, productiva, turística y cultural de la ZMG, es trascendental contar con un mapa de ruido actualizado como parte de la estrategia.

 

Detalló que algunos ejes principales de la estrategia deben ser bienestar y calidad ambiental, que contemple el desarrollo de las ciudades, movilidad no motorizada, corredores con áreas verdes e identificar otros polos de desarrollo urbano, industrial y comercial.

 

En el eje de educación y cultura habría que incluir tópicos de salud y calidad ambiental, así como acústica en la educación formal y no formal; involucrar a todos los sectores sociales; crear sitios públicos para la recreación, el deporte y la cultura.